lunes, 29 de abril de 2013

Debate sobre la independencia en Madrid


a semana pasada fui invitado por los organizadores de la Liga de Debate de la Universidad Carlos III de Madrid a ser uno de los jueces de los enfrentamientos dialécticos que iban a tener lugar durante tres jornadas en el campus principal de dicha universidad, el de Getafe. Cuando recibí la invitación me impresionó la materia del debate propuesto: ¿Debería permitirse que Cataluña se independizara de España? No me cupo ninguna duda de que los que propusieron la pregunta habían sido, por una parte, valientes, y, por otra, confiados en la capacidad de los jóvenes estudiantes de saber tratar serenamente y con objetividad, desde los puntos de vista que fueren, un tema, de hecho, complicado.
Los participantes provenían principalmente de las universidades madrileñas tanto públicas (Complutense, Autónoma, Carlos III) como privadas (Comillas, Nebrija, Francisco de Vitoria). Acudieron también equipos de algunas universidades públicas de fuera de Madrid como Córdoba y Murcia por el sur hasta Santiago de Compostela por el norte.
Ya desde el principio tengo que decir que aprendí mucho de todo lo que oí y principalmente de la actitud seria y ponderada de los debatientes. Fue fascinante. Más de un centenar de buenos talentos de chicos y chicas jóvenes que se habían quemado los codos empleando notable tiempo en realizar estudios históricos, jurídicos, políticos, sociológicos y culturales sobre Cataluña y la cuestión que ahora afronta. Las citas de autores, textos, estadísticas, resultados de sondeos, fueron muy numerosas. A ello se unía el notable esfuerzo en conseguir una exposición brillante y una dialéctica cuanto más incisiva y arrolladora mejor.
Hubo argumentos que puedo calificar de morales, que son de los que más he apreciado en mi dedicación al estudio de la Unión Europea: el valor de la unión voluntaria. Me hicieron evocar la personal devoción que tengo a Jean Monnet, quien tenía por máxima de cabecera que “el más hermoso oficio de los hombres es unir a los hombres”. La unión es por sí misma una virtud preciosa. “Optamos por una unidad fuerte y no por dos debilidades”, dijo un orador de Comillas. En la misma línea estuvieron las manifestaciones de aquellos que quisieron que el torneo fuera un ámbito de “debate constructivo”.
“Optamos por una unidad fuerte y no por dos debilidades”, dijo un orador de Comillas
Algún equipo se esmeró mucho en precisar primero y no salirse luego del núcleo de la cuestión propuesta: la permisión. Permitir la independencia no es lo mismo que hacerse independiente. Uno de los oradores, para lograr una explicación plástica, acudió a un miembro del jurado que le tenía que calificar diciéndole: “¿Puedo preguntarle a usted si me da 3.000 euros?”. “Por supuesto que sí” fue la respuesta que recibió. Y a continuación el orador continuó: “¿Me da usted los 3.000 euros?” A lo que fue contestado negativamente. Fue una hábil manera de situar el debate en su punto justo.
Argumentos se oyeron de todo tipo. Entre los históricos cabe destacar las veces que Cataluña había sido sojuzgada por la fuerza de las armas. Entre los jurídicos la mención a la Constitución: unos para mantenerla y exigir su cumplimiento; otros para no hacer de ella un corsé opresor, pues puede y debe ser cambiada. Entre los sociológicos la vivencia bastante persistente del conflicto. Conflicto que solo puede solucionarse primero con la sincera atención; después, con la permisión. Entre los políticos, “si una gran mayoría de los ciudadanos quiere la consulta ... no se podrá parar”. Se propusieron fórmulas de tercera vía. Hablando de la economía hubo referencias a las ventajas obtenidas por Cataluña operando en el área comercial de toda España y a los daños que sufriría con la separación. A saber: la notable disminución de su área comercial, el abandono de Cataluña de las grandes empresas cuyos nombres se ofrecieron en una lista gráficamente construida: desde Planeta a la General Electric y a Panasonic, pasando por 13 empresas más. La caída del sector industrial. Las mayores dificultades que sufriría el sector financiero. La mala situación de la deuda pública catalana. Alguno se atrevió a comparar la situación de una Cataluña salida del marco de su Estado actual con el Chipre de nuestros días. Varios oradores fundamentaron su opinión negativa recordando que dejar España era dejar la Unión Europea con la vuelta a las fronteras, a los aranceles y, en el caso peor, al abandono del euro y la creación de una moneda distinta. Apreciaciones que fueron muy matizadas por los oponentes.
A la clausura asistió un diputado del Parlament de Cataluña, que quedó muy complacido con el fondo y la forma que percibió del debate y con alguna incursión lingüística que hizo que el catalán se pudiera oír en el Aula Magna de la Universidad.
El equipo ganador procedía de la Universidad Complutense. Venció en la final, con la afirmación positiva a favor de la permisión. El conflicto no se puede soslayar. El Estado tiene las herramientas para poder solucionarlo. Debe utilizarlas. “La permisión es buena para las dos partes”. Todo un ejemplo juvenil de buen hacer el de este debate que debe proponerse como muestra de rigor y modelo de esfuerzo.
Santiago Petschen es profesor emérito de universidad fuenteshttp://ccaa.elpais.com/ccaa/2013/04/26/catalunya/1366999485_175961.html

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