sábado, 2 de noviembre de 2013

La 'doctrina Espadaler' y el Estado propio policial

El País desvela que la Generalidad ha contratado un lobby anglosajón para lograr apoyos internacionales para el independentismo. Artículo sorpresa a favor de la moderación en La Vanguardia.
Pablo Planas
 
Viernes, 1 de noviembre de 2013 - 09:22 
Nunca se sabe qué es mejor a la hora de dar malas noticias; si empezar por las peores o por las más recientes. En el caso de los periódicos, las malas nuevas y las malas malas proceden todas de la Generalidad de Cataluña. La peor: Juan Andrés Benítez murió la madrugada del 6 de octubre, pero la suya no fue una muerte accidental. Los variados vídeos y bastantes testigos que registraron y presenciaron los últimos momentos de este hombre concluyen que los agentes de la policía autonómica que rodeaban al desdichado no le estaban practicando ejercicios de reanimación. Más bien, todo lo contrario. Puede que Benítez ya estuviera herido de muerte; puede incluso que creyera que no merecía la pena vivir; pero reducir esa muerte a una cuestión de malas o buenas prácticas policiales es peor que bailar sobre la tumba del difunto.
Más que debatir sobre si la Unión Europea admite la independencia de Cataluña habría que preguntarse si en la Europa de Tribunal de Derechos Humanos cabe la administración y la política de este país. No hay ni un solo diario que no albergue en sus páginas la siniestra, inquietante e insultante comparecencia, ayer, del consejero de Interior de la Generalidad, Ramon Espadaler, miembro de ese ejecutivo por la cuota de Unió Democràtica de Catalunya. Según el informe encargado a la Policía Nacional por el juez del último caso Raval, Benítez recibió hasta cinco golpes en la cabeza, lo que serían "malas prácticas", algo así como volarle el ojo a Esther Quintana. Pero según Espadaler, todos los golpes que recibió Benítez se propinaron sobre el tronco, que es, al parecer, lo propio, lo que dice que son las "buenas prácticas" policiales. El consejero lo explicaba flanqueado por el director general de los Mossos, Manuel Prat, y por un agente de uniforme, el comisario jefe señor Trapero. La fotografía está en las portadas de La Vanguardia y de El Punt Avui. En la primera, la fotografía firmada por Roser Vilallongarecoge un instante en el que Prat se tapa la cara con la mano izquierda, el consejero mira sus papeles y el tercero pierde la mirada.
Así que se les ha muerto un ciudadano no se sabe ni cómo ni por qué y la cuestión, para Espadaler y sus dos acompañantes, es que el informe de la Policía Nacional miente (la política, ya se sabe); que los mossos hicieron lo correcto y que Benítez no era trigo limpio, lo que más que bailar sobre la tumba es lo siguiente en escatología. Acabamos de asistir al nacimiento de la doctrina Espadaler. ¿Un muerto? ¿Dónde? Los agentes implicados son unos funcionarios de proceder intachable a los que en vez de interrogar sobre lo sucedido habría que condecorar por sus virtudes policíacas.
No hace falta hacer una recopilación de sucesos protagonizados por los Mossos d'Esquadra para advertir hasta qué cotas de degradación puede llegar la política. Habría que saber primero si el policía de paisano y el de uniforme estaban allí de guardaespaldas del consejero o, en realidad, Espadaler estaba detenido, vigilado y siendo sometido a un chantaje, o en el limbo donde tradicionalmente habita su cabeza. En cualquier caso, si es él quien controla a los mossos, cuidado por la calle (que van complotando); si son los mossos quienes le controlan a él, el último que apague la luz. Y en todos los casos, esta cuna de la democracia, las libertades, la tolerancia y la convivencia, o sea la Cataluña oficial, oscilaría entre un presente marcado por las leyes de Guantánamo y las garantías de la prisión de Abu Ghraib y un horizonte de Estado propio en el que Somalilandia sería, por comparación, un paraíso legal.
Lo más anecdótico de todo es que Espadaler siga en el cargo por propia voluntad; que no le importe ser el consejero de Interior que enterró a Juan Andrés Benítez; que salga ante la prensa a sugerir que un informe encargado por un juez a otra policía (prevención de oficio en estos asuntos) no es más que otro palo en las ruedas del "proceso catalán"; como lo de que Martin Schulz, el presidente del Parlamento Europeo, se negara a meterse en el jardín del "derecho a decidir", el referéndum y lo tiránicos, despóticos y parásitos que son en Madrid.
Las malas nuevas las trae El País. Afectan también a las "estructuras de Estado", que según la retórica y las consignas de Francesc Homs hay que reforzar; como por ejemplo TV3, los servicios de seguridad e información, la escuela, por supuesto, y la diplomacia internacional. Lo de las embajadas no ha servido para nada. Ni la "causa catalana" tiene el respaldo mundial que esperaban y quienes están al tanto del asunto en las "esferas internacionales" ya saben la moto que les venden. Pasaban del hermano de Carod y pasan más de la sobrina de Ortega. Total, que Miquel Noguer y M. González firman una información que es una mala noticia, pero relativa, sobre todo en comparación con lo de los Mossos. Casi te entran ganas de reír, de sonreír al menos. "Mas contrata un 'lobby' anglosajón para recabar apoyos internacionales". La cosa se llama "Independent Diplomat" (son capaces de haberlos fichado sólo por el nombre) y está al cargo de un ex embajador británico en Brasil. Según esta información, la consultora de altos vuelos está inscrita en Estados Unidos y el Reino Unido como "organización caritativa". Pero cobran y cobran una pasta que la Generalidad (tan transparente que hasta que dice que tiene una web sobre la transparencia política) se ha negado a facilitar. En este tipo de contrataciones, las cláusulas de confidencialidad son sagradas y su ruptura acarrea indemnizaciones que dejarían en calderilla lo que la Generalidad (otra noticia) debe a los farmacéuticos.
En la mayoría de las portadas de los periódicos editados en Madrid, el apartado gráfico está dedicado a la recepción del Rey a las víctimas del terrorismo. Les ha pedido que no se rindan. Que "no os rindáis" titulan en las mismas páginas que convocaban a la manifestación del pasado domingo y hasta en las que que aporrearon las closcas del Gobierno por flojos y derrotistas frente a la banda terrorista. En cambio, que el Rey les diga a las víctimas que no se rindan les parece de perlas, de lo más normal, qué campechano y tal. ¿Se le ve mejor, verdad?
El jefe del Estado, del Estado que debería haber velado por las víctimas, por sus vidas y por sus derechos, les suelta a las víctimas algo así como ahí os las apañéis vosotros solos con lo vuestro, pero "no os rindáis" y el eco de los aplausos editoriales llega hasta Barcelona. Es también una historia de Día de Difuntos, con su punto de humor negro y todo. "No os rindáis". Lo que usted diga majestad.
Dos artículos para acabar. Antoni Puigverd en La Vanguardia insiste en las bondades del editorial del domingo sobre los moderados. "Está en peligro la unidad civil catalana (unidad civil que el catalanismo histórico consideraba el valor más preciado). El soberanismo es fortísimo, sí, pero no avanza. Al contrario, retrocede. [...] La hiperfragmentación del mapa político catalán es uno de los peligros de este momento histórico, por eso sorprende que ni CDC ni ERC, dos partidos de gobierno, hayan sido capaces de captar el fondo de la propuesta de la [sic] editorial de La Vanguardia". Fin de la cita. Tampoco lo captaron los columnistas más populares y frecuentes del diario de Godó, dedicados en los últimos días a carcajearse del moderantismo en las mismas páginas (o narices) del citado editor.
El otro artículo es el de Vicent Sanchis en El Punt Avui. Habla sobre el desencuentro entre PSC y PSOE, pero acuña un mote inédito, al menos para el suprafirmante, al referirse a los diarios de Madrid. Los llama "la prensa del cornetín". Hay que variar, sí señor, no se puede estar todo el día con la caverna arriba y abajo. Por 25 pesetas, sinónimos para referirse a los diarios de aquí y allá: la prensa del cornetín, la cova mediàtica, la caverna, els diaris subvencionats, la brunete, la coronela, la voz de los obispos, la premsa de la ceba, la de Atapuerca, los del editorial conjunto...
Como diría Espadaler, feliz Día de Difuntos y, si tienen fiesta, descansen en paz.

España debe liderar una solución a la crisis catalana

Alain-G.Gagnon nació en 1954 en Quebec y estudiando esta comunidad canadiense ha forjado su carrera. Este profesor de Ciencia Política en la Universidad de Quebec en Montreal (UQAM) ha basado sus investigaciones en los procesos de reconocimiento de naciones sin Estado y las diferentes formas de articular el nacionalismo. Es un experto en los referéndums que el Quebec celebró en 1980 y 1995, pero también conoce Cataluña: es ganador del premio Josep Maria Vilaseca i Marcet, con el que el Instituto de Estudios Autonómicas premia los estudios sobre autonomía política y federalismo. Sigue de cerca el proceso soberanista e incluso chapurrea el catalán. Estará hoy en Barcelona participando en unas jornadas sobre procesos de independencia organizada por la UB.
Pregunta. ¿Qué diferencias aprecia entre el proceso catalán y el vivido en Quebec?
Respuesta. La gran diferencia es que el Gobierno canadiense permitió organizar dos referéndums, sin paralizar el proceso. Hubo tensión, pero también diálogo. Nunca se cuestionó el derecho del Quebec a consultar a su población. Aquí se aprecia un bloqueo del Gobierno central, y esto no propicia un buen sentimiento hacia el Estado. Los sondeos indican cómo se radicalizan las posiciones, y así seguirá porque el Gobierno no parece dispuesto a negociar. Incluso los movimientos que abogan por una moderación, que podrían ser positivos, no tienen apoyo de Madrid. Necesitan alguna señal del Estado, que demuestre que las reformas son posibles y los puentes no están rotos. Pero tengo la impresión que no hay comunicación.
En una democracia avanzada, lo normal sería permitir el referéndum”
P. ¿El Gobierno español debería permitir el referéndum y defender el 'no'?
R. En una democracia avanzada, eso sería lo normal. Pero cuando miro a España veo una democracia joven que está encontrando vías de desarrollo. Desafortunadamente, el desarrollo del Estado de las Autonomías no se ha fundamentado en la confianza. Y eso es clave. En Canadá hablamos de moral constitucional, y tener moral constitucional sería transformar las relaciones con las autonomías. Eso estaba pasando con el Estatut de 2006, pero se perdió porque un partido [el PP] que se enfrentó a ello. España había llevado bien el proceso: actuó de manera madura, fue accesible y abrió la menta para acomodar las reclamaciones catalanas. Las reclamaciones son legítimas, los catalanes quieren una nueva relación para defender mejor a sus ciudadanos. Construir una nueva España, abierta a la diversidad, disminuiría las reclamaciones nacionales. Es el gran desafío, pero es muy difícil.
P. Es la idea del federalismo multinacional que ha estudiado.
Una España diversa reduciría las reclamaciones nacionales”
R. Es la dirección hacia la que hay que moverse. Pero creo que los catalanes han dado valor democrático a sus reclamaciones conformando su proceso siempre dentro del marco jurídico existente. Es una posición muy inteligente, pensar en una nueva relación con España siempre construida dentro de las instituciones que existen, con la reclamación del derecho a decidir. Pero no hay respuesta del Gobierno, es un diálogo de sordos, nadie escucha a nadie y eso lleva a la radicalización de los discursos. Madrid debe extender la mano para negociar una reforma constitucional u otra forma de relacionarse, y esto falta en el actual proceso. Es una situación desesperante. España está llevando Cataluña a la radicalización. Pero al mismo tiempo el mundo está mirando, y cuanto más tiempo pase los catalanes irán ganando legitimidad y más simpatías entre otros Estados. España tendría que intentar liderar una solución a esta crisis, pero niegan el proceso. Y haciéndolo, solo hacen que añadir legitimidad a la causa catalana.
P. ¿Afecta a esa legitimidad que el Gobierno catalán negocie con una fecha sobre la mesa?
R. Quizás no es la mejor manera, pero da una sensación de urgencia. Y la hay. Las posiciones se están tensionando, y ello empuja al Estado a tener que moverse en un período de tiempo razonable. ¿Cuánto tiempo se pueden permitir esta situación? El PP cree que puede ganar más popularidad en otras zonas de España y asegurarse la reelección de Mariano Rajoy desestimando cualquier petición de las regiones. También están los barones territoriales, que se benefician del statu quo. Es muy frustrante.
Negando el proceso, el Estado añade legitimidad a la causa catalana”
P. ¿La vía de la consulta ilegal o el plebiscito sería una salida?
R. No estoy seguro, pero quizás la imposibilidad de obtener permiso del Gobierno acabe desembocando en esto. Las consultas organizadas por la sociedad civil fueron una prueba. Unas elecciones nacionales convertidas en plebiscito no funcionan porque hay muchas razones diferentes para votar por los partidos. Ahora estamos en un impass y el único que puede dar salida es el Estado. En la medida en que no rompe esta situación, sino que sigue paralizado, afecta a su imagen internacional. La gente no se tomará España en serio, como un Estado democrático real. Este es un tema democrático, se trata de saber si España es una democracia avanzada o está en proceso de serlo. España todavía tiene mucho que demostrar al mundo.
P. ¿Cree entonces que, antes o después, el Gobierno aprobará el referéndum?
R. Hay el precedente del plan Ibarretxe en el País Vasco. Pero ahora hay algo más: en Cataluña, preguntar a la gente por su futuro es una posición moderada. Quizás se puede ir más allá en el modelo de relación entre autonomías, hacia el federalismo multinacional. La gente querrá a una España ganadora en el mundo, mirando hacia arriba. Si España quiere ser un líder democrático mundial, debe permitir a las comunidades consultar a sus ciudadanos, basándose en la confianza y en el respeto. Y con el resultado tienen la obligación de negociar algo razonable para los dos partes. Esto quiere decir que ni Cataluña debe tener lo que quiera ni España, sino que hay que encontrar una vía intermedia. Si la gente fuera preguntada por una opción razonable tendríamos que ver la respuesta. No es lo mismo salir a la calle que votar. Pero la situación actual se tiene que romper de alguna manera.
P. ¿Estamos ante la disyuntiva de una nueva relación con España o una ruptura?
R. Estamos viviendo en España un proceso de recentralización hacia Madrid y de simetría entre comunidades, y ello anima a los catalanes a quererse quedar fuera de este proceso y a imaginar un Estado de las autonomías diferente. Lo que me sorprende es que las naciones históricas no se apoyen para caminar juntas.

El estallido del PSC

Nueva brecha entre los socialistas catalanes, ya en plena crisis de identidad
Alfonso GuerraRamon Vilaró.– El locuaz Alfonso Guerra, ex vicepresidente en los gobiernos socialistas de Felipe González y hombre sin matices en relación con el encaje de Cataluña en España -fue el líder en "cepillar" un Estatut del que ya nadie se acuerda-, lo tiene claro: el PSC "no es socialista" ¿Cuál será, pues, su futuro, en un momento en que las encuestas de intención electoral lo sitúan en plana debacle electoral y como quinta fuerza política en Cataluña? El futuro, según Guerra, pasa por usar la marca PSOE en Cataluña y olvidarse de los peceseros.
La abstención de los diputados del PSC en el Congreso, cuando el resto del PSOE se alineo a las propuestas de Rosa Diez, de UPyD, de rechazar de pleno la idea de una consulta-referéndum sobre el derecho a decidir en Cataluña, no hizo, ni más, ni menos, que exponer las profundas diferencias en el seno de la familia socialista. Una familia en la que Alfonso Guerra se erige en San Alfonso, patrón del socialismo, hasta excomulgar a sus colegas catalanes acusándoles de "no ser socialistas". El PSOE, o al menos su barones, anulan la patente de corso de sus diputados en Cataluña, porque rompieron, en realidad, la disciplina de voto en el Congreso.
Horas antes de la intervención de Rosa Diez, aplaudida desde las filas del Partido Popular que también voto a favor, el PSOE tenía claro que se abstendría. Habría sido lo lógico en un partido que propone una reforma constitucional federal, en la línea de la "tercera vía", propuesta por el demócrata cristiano y socio de CiU, Duran Lleida, a la hora de buscar salidas al atolladero en Cataluña. Así estaba previsto, hasta que los barones del PSOE, con Guerra en la cabeza, decidieron dar un paso al frente cargándose las posturas del debilitado Alfredo Pérez Rubalcaba. Lo lograron, pero a coste de la rebelión del ala socialista catalana que se abstuvo.
Ahora, Soraya Rodríguez, portavoz del PSOE en el Congreso, dice que "lo más importante" es que "el PSOE y el PSC comparten el mismo proyecto político, que es el socialismo y la unidad de España", porque ambas formaciones de la misma familia socialista - aunque Guerra lo pone en duda - están "contra la independencia y a favor de la convivencia". Aunque, Soraya Rodríguez reconoce, que no es poco, que hay discrepancias sobre "el derecho a decidir", o sea, la celebración de una consulta que, por cierto, tiene fecha y propuesta de pregunta para el próximo 20 de noviembre, el "20-N", cuando el Consell Asesor creado por el gobierno de Artur Mas presente sus propuestas.
Pere Navarro, secretario general de los socialistas catalanes, recuerda también que no habrá "ruptura" entre el PSOE y el PSC, porque lo sucedido en el Congreso, la ruptura de la disciplina de voto, "no es nuevo". Cierto, ya ocurrió en el pasado, pero originando serias advertencias y sanciones del PSOE sobre los diputados del PSC que, cada vez, marcan mayor perfil propio en Madrid.
Al final, posiblemente, habrá que darle la razón a Alfonso Guerra - excepto en su prepotencia de considerarse autorizado para determinar quién es, o no, socialista en el mundo - de que la única salida será romper la baraja en la familia socialista catalana. El problema, el grave problema para los socialistas y especial el PSOE, es que sin los votos un amplio soporte de diputados en Cataluña, del PSOE o del PSC, será muy difícil, si no imposible, la recuperación de una mayoría con aspiraciones de gobernabilidad del PSOE en España. Pero, esto, para muchos votantes del PSC ya no es un problema que les interese, porque se han pasado, cuando menos, a defender el derecho a decidir sobre el futuro de Cataluña, con, o sin, la bendición deSan Alfonso Guerra, autoproclamado patrón del socialismo.

Navarro pide un nuevo estatus para Cataluña y una negociación sincera

BARCELONA.- El primer secretario del PSC, Pere Navarro, reclamó al PP y al PSOE un "nuevo" estatus para Cataluña con una negociación "sincera y leal" a la hora de abordar la relación con España e hizo un llamamiento para poner fecha al inicio de las negociaciones, antes que a la consulta.
En su intervención en la reunión del grupo parlamentario socialista, Navarro se pronunció por primera vez después de la Diada y de la Vía Catalana hacia la independencia, movilización que calificó de "cívica y pacífica" y sobre la que expresó su "respeto" al compartir una "misma inquietud" en cuanto a las relaciones entre Cataluña y España.
Navarro, que pronunció su discurso en catalán, recurrió al castellano con este llamamiento: "Decir muy claramente desde el PSC que es necesario un nuevo estatus para Cataluña, y es imprescindible una negociación sincera y leal sobre la nueva relación entre Cataluña y España", así como un nuevo modelo de financiación.
En este escenario, reclamó tanto al actual Gobierno de España como al catalán que "no se enroquen" en sus posiciones, al tiempo que pidió a todos los independentistas y a los partidarios de recentralizar que "no miren hacia otro lado" si se quiere cambiar las relaciones actuales entre Cataluña y España.