sábado, 5 de octubre de 2013

Seis hijos de 'españoles' que emigraron a Cataluña alardean de independentistas

Es lo que tienen los complejos, terreno en el el PSC es un especialista. Se ha dado en elPaís Vasco, donde un sector de la segunda generación de emigrantes llegados de Palencia, Murcia, Orense o cualquier otro lugar de España a la búsqueda de mejores condiciones económicas, han terminado haciéndose furibundos abertzales y se da -como no- en Cataluña.
Media docena hijos y nietos de personas que llegaron a Cataluña de otras partes de España han firmado un artículo conjunto publicado en El Periódico de Catalunya, en el que apuestan por la "ruptura".
Conviene reseñar, como ejemplo de esta actitiud, la que colectivamente tiene el rotativo del Grupo Zeta, antaño cercano al PSOE y ahora entregado con armas y bagajes al independentismo.
Seis militantes del PSC , ICV , ERC , CDC y la CUP aseguran -en catalán para que no quede duda de cómo respiran- que participaron en la 'cadena' y que al igual que hicieron susfamiliares ya hace unos años para encontraruna vida mejor "debemos irnos" de España.
"Nuestros abuelos y abuelas, por motivos diferentes, llegaron a Catalunya, ya sea escapando de la guerra, escapando de la miseria o de la falta de oportunidades de su lugar de origen, diferentes en cada caso".
" ¿Cuando este enorme riesgo vital se vuelve asumible e, incluso,preferible antes que dejar que todo siga igual de frustrante? Seguro que no hubo tiempo ni espacio para tanta reflexión. Fue todo mucho más práctico:aquí no hay nada que hacer, debemos irnos".
También manifiestan:
"Ahora, el proyecto nacional catalán debe contener la experiencia diversa de personas que formamos parte del país y de la sociedad catalana, desde orígenes y lenguas diferentes , y que hemos ido convergiendo en un proyecto que abarca una clara y ambiciosa finalidad: construir un Estado".
"Es ahora y hoy cuando nosotros , hijos e hijas , nietas y nietos de aquellas personas que vinieron buscando nuevas oportunidades - añaden- debemos tomar las decisiones que marcarán nuestras vidas, pero, sobre todo, las de nuestros hijos y de generaciones futuras".
"Y es por ellos que queremos un futuro de libertad, igualdad, justicia social y bienestar económico. Por eso optamos por continuar en la línea de ruptura que muchas abuelas y abuelos iniciaron cuando emprendieron el rumbo hacia Catalunya".
Los firmantes aseguran que España es "un Estado encerrado en sí mismo, deficitario democráticamente y económicamente insostenible".
"La Vía Catalana ha sido una propuesta participativa que ha llenado de esperanza el proceso que estamos viviendo hacia un referéndum de autodeterminación" , aseguran antes de decir que "muchos han de tener la valentía de reconocer el avance que la movilización ha significado".
Destacan que sus abuelos "emigraron a Catalunya y, contra todo pronóstico, se construyeron su futuro dignamente, salieron adelante. Podemos dar fe".
"Nosotros, como descendientes que somos, de alguna manera tenemos la oportunidad de volver a hacerlo. Nuestra participación en la vía ha sido un paso, ni el primero ni el último. Hay que ir marcando y asumiendo retos desde el consenso, y sumando más gente para ejercer la democracia. Pero sin renuncias".
fuentes http://www.periodistadigital.com/cataluna/tarragona/2013/10/01/seis-hijos-de-espanoles-que-emigraron-a-cataluna-alardean-de-independentistas.shtml

Ferraz admite que la posición de Navarro ahonda el desencuentr

siempre, en el PSOE hay opiniones para todos los gustos y colores. Aunque de forma oficial, la dirección federal no ha valorado el acuerdo del PSC con CiU y ERC para aprobar una resolución a favor del derecho a decidir, en la calle Ferraz no comparten la decisión de los socialistas catalanes. Rubalcaba y su Ejecutiva no están a favor de la consulta y mucho menos del derecho a decidir que, en palabras que ha pronunciado el secretario general en varias ocasiones, no es más que el derecho a la autodeterminación. Son consicentes además de que el acuerdo del PSC con nacionalistas e independentistas les abre otra vía de agua en su discurso político, más después de que los socialistas catalanes asumieran la llamada declaración de Granada, un texto que pone negro sobre blanco la propuesta territorial del PSOE que pasa por una reforma federal de la Constitución. Ahora bien, más allá de este desacuerdo público, Ferraz no tiene intención de plantar cara a los de Pere Navarro. ¿Motivo? Hay que dar oxígeno al PSC en Cataluña para que recupere una posición de centralidad entre los independentistas y los inmovilistas y, de paso, enfatizar que amos están a favor de la reforma federal de la Carta Magna y de la unidad de España.
En resumen, que hay quien se muestra comprensivo con la postura del PSC, pero también quien defiende que los socialistas catalanes están cometiendo un error que los separa del PSOE y que renovar ese compromiso con el derecho a decidir es una forma innecesaria de recordar un desencuentro profundo. Entre estos últimos hay quien además cree que el PSC erró al entrar en el debate indentitario, y no sólo desde el punto de vista electoral, sino en su papel de vertebrar Cataluña.
El propio Rubalcaba ha querido dejar claro esta semana en alguna entrevista que de lo que se habla es de «derecho de autodeterminación», aunque en Cataluña se esté usando la expresión «derecho a decidir». Derecho «a decidir», remarcó, ya lo tienen los catalanes y los españoles en democracia: «Deciden en función de unas reglas que acordamos democráticamente. No todo el mundo vota sobre todo ni todo se puede someter permanentemente a votación», afirmó.
Pese a que la consigna es evitar el enfrentamiento público con el PSC, siempre hay alguna voz que se sale del renglón, y ésta fue ayer la del extremeño Guillermo Fernández Vara, que volvió a defender la necesidad de crear una marca PSOE en Cataluña. Aunque su posición es minoritaria, bien es verdad que hay muchos que admiten, como defiende el secretario general de los extremeños, que un catalán que también se sienta español y socialista está hoy sin referencias.

La ‘tercera vía’, una última oportunidad entre Catalunya y España

La tercera vía siempre ha estado ahí. Bajo diferentes nombres. Federalismo, Estado confederal, Estado libre asociado… incluso el pacto fiscal era eso, un camino de en medio en la relación entre Catalunya y España. Pero nunca como ahora había ocupado el centro del debate. Desde el 11 de septiembre del 2012, el único dilema era independencia o status quo. Que, aplicado a la consulta, era votar ‘si’ o ‘no’, y punto. La reclamación del ‘derecho a decidir’ era eso, elegir si Catalunya quería ser, o no, un ‘nuevo estado de Europa’. Esta era, y es, la legítima estrategia del soberanismo porque más de dos opciones restan fuerza a las aspiraciones independentistas. En frente, el españolismo centraba los esfuerzos en evitar la consulta porque sabía, y sabe, que la opción de la independencia tenía todas las de ganar en las urnas.    
Mientras, el PSC clamaba por el federalismo en el desierto. Un federalismo difuso, sin concretar, que nunca logró calar en la opinión pública. Hasta que el líder de Unió Democràtica de Catalunya (UDC), Josep Antoni Duran i Lleida, lanza la idea de la ‘tercera vía, en vísperas del debate de política general. Es decir, seguir en España pero a partir de unas nuevas bases. Como en el caso de los socialistas, Duran tampoco aclara cómo debe ser esta nueva relación, pero su apuesta rompe los bloques que se estaban configurando. Ahora, en el caso de una hipotética consulta con tres opciones, posiblemente nos encontraríamos con una alianza independentista entre CUP, ERC y CDC; un frente españolista o unionista de carácter claramente conservador (PP y Ciutadans) y una ‘tercera vía’ que convertiría al PSC y a UDC en extraños compañeros de viaje, a la espera de una decisión por parte de ICV.
Todos los bloques tendrían, por supuesto, fugas hacía otras opciones, pero las cúpulas de los partidos acudirían a las urnas con opciones definidas. O no. Porque en Catalunya la ambigüedad da buenos réditos. En la segunda jornada del debate de política general tuvimos el mejor ejemplo. Artur Mas desautorizó las terceras vías. “Estamos donde estamos –afirmó- porque hemos acumulado cien años de decepciones sobre las terceras vías”. La última vez, recordó, con el Estatut.  Pero más tarde, en la respuesta a la líder del PP, Alicia Sánchez-Camacho, dijo: “Unos dirán: pensamos que para Catalunya es mejor estar dentro del Estado, tal y como estamos ahora. Perfectamente respetable;. Habrá otros que dirán: "Escúcheme, yo, lo que pretendo es un statu quo totalmente diferente, pero con algún tipo de acuerdo con el Estado español. Legítimo. Y luego habrá algunos que también legítimamente dirán: yo quiero un Estado propio dentro de una Unión Europea". Es decir, aceptaba una consulta con tres opciones, una de ellas la ‘tercera vía’.
Los partidarios del ‘si’ o ‘no’ se aferran a la primera frase. Los ‘federalistas’ a la segunda, aliviados porque el ‘todo o nada’ los abocaba a un dramático dilema, entre apostar por la independencia o por una España que, como decía Artur Mas, durante cien años ha desoído las aspiraciones catalanas. Pero más allá de las ambigüedades del President y de CiU, la ‘tercera vía’ surge como la última oportunidad de entente entre Catalunya y España. Y sólo tendrá oportunidad de prosperar si desde los partidos políticos de ámbito estatal se implican a fondo en la construcción de una alternativa creíble para aquel sector de la sociedad catalana que aún no ha tirado la toalla. Que aún cree que vale la pena volver a intentarlo. Si no, sólo quedará la independencia.

No odiamos a España

Estos días, a raíz de unas declaraciones de Oriol Junqueras sobre la futura relación de Cataluña con España, se han desatado una serie de opiniones sobre un supuesto odio de los catalanes hacia España. Los opinadores mediáticos madrileños necesitan asideros y cuando los intuyen, se agarran a ellos y no los sueltan hasta que no encuentra algo nuevo. Ya puedes gritar, que no sirve de nada porque todo se lo hacen entre ellos y no escuchan, pero volvamos a repetirlo: la inmensa mayoría de los catalanes no odia a España.
El odio es un sentimiento, una pasión, que puede conducir a disparates. Y es posible que algún catalán lo sienta, del mismo modo que es posible que un español lo sienta también por Cataluña. ¿Alguien percibió odio contra España por parte de los cientos de miles de participantes en la ViaCatalana? Incluso la quema de banderas españolas y de retratos del rey de España, a parte de ser un acto cuantitativamente marginal, no pasa de ser una protesta política. El odio a España, a la gente de España, no es un sentimiento presente en las calles de Cataluña. Ni ahora, ni antes.
Y la razón es tan sencilla como contundente: Los catalanes de las clases populares hemos crecido junto a otros catalanes de origen español. Estos catalanes constituyen, como mínimo, la mitad de la población. Su cultura, la de sus padres, la de sus abuelos, estuvo y está presente en Cataluña, de una manera importante, normal y cotidiana desde hace cincuenta o sesenta años. Aún más, la Cataluña del presente no se podría entender sin ellos. Y la del futuro, tampoco: sin ellos, sin su voto, aquí no habrá independencia ni nada.
El sentimiento independentista ha crecido en positivo, mirando hacia adelante, pensando en lo que queremos, no odiando a nada ni a nadie. Incluso muchos catalanes de origen español se están manifestando públicamente estos días a favor de la independencia arriesgándose a recibir los calificativos y los insultos más cafres que se pueda imaginar. Si aquí hubiera odio, se multiplicarían los casos de ofensa a España y sus símbolos. Y esto no ocurre. Curiosamente, en España, sí se da. No hablamos solamente del asalto a la librería Blanquerna, sino del fin de semana de odio contra Cataluña en Cercedilla por parte de grupos de extrema derecha y de la multiplicación en los últimos tiempos de las manifestaciones de nostalgia por el antiguo régimen.
En Cataluña, ahora mismo, se pueden encontrar en la calle todas las sensibilidades, incluyendo gente no independentista, que mantienen un sentimiento fuerte de unión con España, pero que igualmente votarían sí en un referéndum por la independencia. Sin odio, porque el movimiento independentista -con el que puedes no estar nada de acuerdo- no se hace contra nadie, no se hace contra la gente, contra las clases populares españolas, sino contra un aparato político y administrativo incapaz de reaccionar.
Con todo esto queremos decir que uno puede ser independentista y al mismo tiempo no sólo no odiar a España sino tener un sentimiento profundo de tristeza por haber tenido que llegar a este punto de no retorno. Y no lo olvidemos: cuando hablamos de punto de no retorno nos referimos a la imposibilidad evidente de mover nada hacia ningún sentido. El partido que gobierna España, pero también el principal de la oposición si viera sus intereses electorales gravemente amenazados, harían piña: Ni derecho a decidir, ni federalismo, ni nada. "España una y no cincuenta y una" y punto. Se escudan ambos en una interpretación única y unitarista de la legislación vigente (que admitiría sin embargo lecturas diversas), amenazan con el fin del mundo si se mueve algo y nunca, en ningún caso, ni siquiera sugieren que quizá habría que empezar a pensar en crear una comisión para plantear una reforma de la constitución. ¿Donde está el diálogo ofrecido, pues?
La deriva de un gobierno como el del PP le lleva a creer que una oferta de diálogo consiste tan sólo en darte un impreso para que firmes la rendición incondicional. Y si no, que vayas al congreso de los diputados, que te repasarán bien como repasaron el presidente vasco Ibarretxe. No se dan cuenta que ahora las cosas ya no van así. Señores, aquí no hay odio contra España. Simplemente crece la certeza de que lo mejor para todos sería un cambio en profundidad de la estructura del Estado. Y a la vez, desgraciadamente, se establece también la certeza de que son incapaces, incluso visceralmente, de llevar este cambio adelante.