jueves, 29 de noviembre de 2012

Mas garantiza a la militancia que la consulta se celebrará los próximos cuatro años


BARCELONA, 28 (EUROPA PRESS)
El presidente de la Generalitat en funciones y presidente de CiU, Artur Mas, ha enviado una carta a la militancia de CiU donde les garantiza que la consulta soberanista se celebrará durante los próximos cuatro años.
"El derecho a decidir tiene hoy en día más fuerza que nunca en el Parlament. Es por este motivo que, como dije la misma noche electoral, la consulta al pueblo de Cataluña se hará durante los próximos cuatro años", ha relatado en la misiva a la que ha tenido acceso Europa Press.
Según Mas, ahora "más que nunca" el pueblo catalán debe hablar y decidir qué futuro quiere, y ha recordado que así lo recogieron en su programa electoral y que es un compromiso firme con todos los ciudadanos.
También les ha advertido de que aparquen aquellas interpretaciones que sostengan que el soberanismo se ha derrumbado en estas elecciones y que el derecho a decidir ha quedado finiquitado: "Nada más lejos de la realidad".
Sin embargo, ha admitido las dificultades que conlleva iniciar este proceso, también en la gestión diaria y para luchar contra la crisis, por lo que ha reiterado la necesidad de que "todos" se impliquen en la gobernabilidad de Cataluña porque, ha añadido, solos no lo podrán hacer.
Sin mencionar explícitamente a ningún partido, ha asegurado que Cataluña necesita "más que nunca" un gobierno fuerte y firme tras unos resultados electorales que, ha admitido, no son los que deseaba ni responde a la mayoría excepcional que reclamó.
(EuropaPress)

Mas llama a la militancia a no caer en la frustración y garantiza la consulta


Barcelona, 28 nov (EFE).- El presidente en funciones de la Generalitat y candidato de CiU a la reelección, Artur Mas, ha alentado hoy a la militancia a no caer en la frustración tras los resultados electorales, ya que, en su opinión, el derecho a decidir tiene "más fuerza que nunca" en el Parlament y facilita la consulta.
En una carta dirigida a los militantes, Mas afirma que sería "injusto que el sentimiento de fracaso y frustración" invadiera a los simpatizantes cuando CiU ha ganado "claramente" las elecciones y es "sin lugar a duras la única opción política llamada a liderar el nuevo gobierno", pese a que los resultados "no son los deseados".
El presidente en funciones de la Generalitat remarca que no se arrepiente de haber convocado las elecciones: "Necesitaba dar la voz al pueblo para que manifestara su compromiso con nuestro proceso", señala.
Mas asegura que la consulta "se hará en los próximos cuatro años" porque "el pueblo de Cataluña tiene el derecho a decidir su futuro libremente, democráticamente y pacíficamente".
En la misiva, el candidato de CiU a la reelección reconoce que el periodo que se inicia comporta "dificultades" y que Cataluña necesita un gobierno "fuerte, firme en las decisiones y arriesgado en la lucha contra la crisis".
(Agencia EFE)

¿Cataluña o Catalunya?


La Díada, fiesta de Cataluña celebrada cada 11 de septiembre en el aniversario de la caída de Barcelona en manos borbónicas, marcó, este año, un punto de inflexión en la España de las comunidades. El presidente de Cataluña, Artur Mas, venía de la Moncloa con la negativa al pacto fiscal propuesto para salir de la asfixia económica que padece su comunidad como consecuencia de la crisis y de la aplicación calcada de los recortes del Gobierno central, que están creando una mayor recesión y profundización de la misma.
Llegó a Barcelona dispuesto a dar batalla, por lo tanto, lanzó el órdago independentista, aunque su reivindicación era puramente económica, mientras que para los que se movilizaron desde hacía tiempo, los convocantes, la Asamblea Nacional Catalana (ANC), se trataba de ir más allá, de que “Cataluña (sea) un nuevo estado para Europa”, con otras propuestas que trascendían lo económico.
Hartos de la catalanofobia y la agresividad que caracteriza a los gobiernos españoles de derecha y a sus aliados circunstanciales de otros partidos, los ciudadanos salieron a la calle y sumaron más de un millón de personas (según datos de los Mossos d’Escuadra), marcando un antes y un después con consecuencias inesperadas para el catalanismo. Aupado por la masiva respuesta, que consideró suya, Mas adelantó las elecciones con el único fin de que éstas fueran una especie de referéndum a una propuesta soberanista, para lo cual pedía una mayoría absoluta a los votantes, como condición sine qua non para alcanzarlo.
Convendría revisar de qué polvos vienen estos lodos. El pueblo de Cataluña siempre se ha considerado a sí mismo una “nación” (las cortes de Cataluña existieron ya en el año 1214), pero a partir de la derrota sufrida en la Guerra de Sucesión (1714) se le negó el reconocimiento oficial de nación que hasta entonces había gozado, negación que tuvo expresiones extremas con el franquismo en el que hasta el idioma estaba prohibido, relegándose su uso a la esfera familiar.
La derecha española, con su concepto nacionalista centralizado en España siempre ha visto a los catalanes como una excepción a eliminar, ya sea por la vía cultural (hay que españolizar la enseñanza, en palabras del ministro de Educación Wert) o incluso, últimamente, se ha hablado de una intervención militar en caso de una convocatoria de referéndum, lo cual ha traído a la memoria conflictos parecidos que acabaron en cruentas guerras. Inaceptable para la mayoría de la población española.
Las razones que motivaron la movilización catalana son variadas. Entre las económicas denuncian que el 40 por ciento de los impuestos no retornan a Cataluña, que hay un déficit fiscal de más de 16.000 millones de euros al año, que se traducen en una deuda acumulada de 42.000 millones que lleva a que Cataluña sea la comunidad más endeudada de España. La solidaridad que se le exige con las comunidades más atrasadas del país es del 8 por ciento de su PIB, mientras que en Alemania es del 4 por ciento, en EEUU: 2,5 por ciento y en Canadá: 2 por ciento.
Es decir, plantean que si Cataluña se escindiera de España, esos recursos irían a engrosar su presupuesto. En relación a la infraestructura, reclaman que hay una excesiva centralización de las inversiones estatales en Madrid, por ejemplo, en el aeropuerto de Barajas y en las vías ferroviarias que conducen al centro, mientras se escatiman inversiones más útiles y rentables como la línea Barcelona-Valencia, el corredor de mercancías del Mediterráneo, y el puerto de Barcelona, a la vez que se priorizan los trenes de alta velocidad (AVE) que sólo sirven para pasajeros y de altos ingresos.
Desde el punto de vista social, apuntan que el “expolio fiscal” al que se ven sometidos redunda directamente en el empobrecimiento de Cataluña, con la consecuencia de que las clases más desfavorecidas son las más afectadas, puesto que los fondos para educación, becas, salud, pensiones y fomento al empleo son más reducidos. Que las razones culturales y de lengua son muy importantes y, finalmente, las razones éticas porque el modelo de Estado español está basado en una identidad única, centralista y uniformada.
Con el retorno de la democracia, se creó un traje artificial para intentar encajar dos naciones, Cataluña y Euskadi, al Estado español, con el estado de las autonomías. Las instituciones se multiplicaron por 17 y se crearon autonomías donde nadie las pedía, que es el caso, por ejemplo, de Madrid. Un problema cerrado en falso es obvio que tiende a volver a manifestarse y por ello vuelve a sonar el soberanismo, que sería legitimado en unas elecciones anticipadas.
Una mayoría absoluta para CIU sería la señal indeleble de que la ciudadanía se manifestaba a favor de un estado independiente con un modelo económico neoliberal. Probablemente, los catalanes tienen muchos defectos, como cualquiera, pero ser ingenuos parece que no es uno de ellos. Y sí, votaron soberanía, pero no a favor del modelo económico que enarbola Artur Mas. Éste fue el ganador de las elecciones, pero el haber cedido 12 diputados lo convierte también en el gran perdedor, y al parlamento, en un conjunto variopinto donde todas las asociaciones son espurias.
El aliado natural de CIU, por su carácter neoliberal, debería ser el PP, pero como durante la campaña hubo gravísimas acusaciones contra Mas, es la unión más improbable. La alianza más factible —y deseada— sería con Esquerra Republicana de Catalunya, pero ésta se ha opuesto con fiereza a la política económica de CIU, al igual que el tercero en lidia, el partido socialista. Por lo tanto, se augura que las negociaciones en curso tenderán a dar resultados muy sorprendentes.
La amplia mayoría obtenida por los nacionalistas da una medida de que estas elecciones sólo han postergado un destino que parece ser compartido por la inmensa mayoría de la población. Hay que hacerse a la idea de la inevitabilidad de que en el futuro Cataluña se convierta en Catalunya, si es que antes no encalla en las arenas del nacionalismo español, que suelen ser profundas y engañosas.
La autora es escritora FUENTES https://www.blogger.com/blogger.g?blogID=4767169521910415435#editor/target=post;postID=4588274135646647149

ERC rechaza un Gobierno de coalición con Artur Mas


Portazo de ERC a Artur Mas. Su líder, Oriol Junqueras, comunicó ayer formalmente al presidente de la Generalitat que no quiere formar parte de un gobierno de colación con CiU. Mas y Junqueras se han reunido durante una hora, después de que mantuvieran un contacto telefónico este martes para tantear una posible alianza.
Pese a la negativa, Junqueras ha trasladado a Mas la disposición de su partido a facilitar su investidura como presidente y la constitución del nuevo Gobierno, pero sin formar parte de él. Los republicanos consideran que su papel es ejercer una "oposición responsable" sin estar implicados en el Ejecutivo catalán. ERC expresa su voluntad de colaborar" con el gobierno de CiU e incluso garantizar su "estabilidad" parlamentaria, si éste pone encima de la mesa una "agenda nacional clara", que incluya el referéndum de autodeterminación, y suaviza las medidas de austeridad con una política económica más "social".
Tras el rechazo del partido de Junqueras, los convergentes están prácticamente condenados a gobernar en minoría, ya que el PSC ha rechazado cualquier pacto y el objetivo de Mas de celebrar un referéndum sobre la independencia les aleja de cualquier pacto con el PP.
La pasada noche electoral, Artur Mas ya manifestó que aunque CiU fue la lista más votada, otras fuerzas políticas "debían hacerse corresponsables" en el Gobierno de Cataluña. Según dijo, el objetivo era el de garantizar un Ejecutivo estable.
Por otro lado, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, telefoneó ayer a Mas (tres días después de la las elecciones) para trasladarse su disposición "total y absoluta" a colaborar con el nuevo gobierno.
Por otro lado, el primer secretario los socialistas catalanas, Pere Navarro, aseguró ayer que confía en la inocencia de los dirigentes socialistas (entre ellos su secretario de organización Daniel Fernández) imputados en una trama de corrupción.
 FUENTES  https://www.blogger.comhttps://www.blogger.com

ERC garantiza a CiU un Govern sólido si hay un acuerdo sobre la consulta


El líder de ERCOriol Junqueras, ha garantizado hoy que el nuevo Gobierno catalán de CiU dispondrá en el Parlament de una «solidez gigantesca», lo que incluye la aprobación de los Presupuestos, siempre que haya un acuerdo entre ambas formaciones sobre cuestiones básicas como la consulta soberanista. «La fortaleza del Govern no depende de que Oriol Junqueras sea conseller de la Generalitat », ha afirmado el presidente de ERC en declaraciones a Rac1, puesto que, ha agregado, «no estoy aquí para ser conseller, ni yo ni nadie de mis compañeros».
Esto, ha añadido Junqueras, «ERC lo puede garantizar, lo quiere garantizar y lo garantizará, siempre que haya una respuesta por parte del partido de la mayoría a las propuestas que ERC hace», o lo que es lo mismo «el Govern de Cataluña será de una solidez gigantesca siempre que haya un acuerdo», ha remarcado.
Después de criticar a los partidos que «descalifican y no ponen propuestas encima de la mesa», el líder republicano ha confirmado que su partido «no entrará en el Govern pero está dispuesto a garantizar la investidura del presidente, así como a aprobar los Presupuestos, nos responsabilizaremos de todo, incluso de cosas de las que no tengamos responsabilidad».
Por el contrario, el primer partido de la oposición, «no está dispuesto a entrar en una subasta de cargos, de consellerias ni de sillas», sino que «ERC asume la parte difícil, no la fácil», y en este punto ha considerado «sorprendente» que solo Esquerra «esté poniendo encima de la mesa propuestas concretas, ¿dónde están los otros partidos?», se ha preguntado.
Junqueras ha indicado que CiU «nos tiene que garantizar que trabajará de manera firme, decidida, y lo más clara posible, en el camino hacia al referéndum», al tiempo que pide «recuperar el impuesto de Sucesiones para el 5 % de las rentas más altas del país o también un posible impuesto sobre los depósitos bancarios».
FUENTES http://www.lavozdegalicia.es

Cumbres borrascosas en la relación entre España y Catalunya


Hay quien compara la novela Cumbres borrascosas de Emily Brontë, que se ha adaptado al cine varias veces, con un juego de muñecas rusas Matryoshka por la estructura de su trama. En Catalunya, hace ya al menos dos meses que cada vez que destapamos una muñequita nos damos cuenta de que debajo hay otra. El día después del 25-N se pusieron sobre la mesa las propuestas de celebrar dos cumbres, una sobre los desahucios (ICV) y otra con partidos y agentes sociales sobre la crisis (PSC).
Pero, ahora que se acerca la ola de frío, la cumbre más borrascosa de todas es la que algún día deberán celebrar los gobiernos de España y Catalunya para ver si es cierto que Mariano Rajoy ofrece su ayuda al Govern, pese a su “deslealtad” institucional, según él, y cómo se articula esta relación bilateral en un más que hipotético pacto de gobierno entre CiU y ERC para que Artur Mas vuelva a gobernar.
De momento, el expresidente del Gobierno español, José María Aznar, ya ha tildado de “explosivo” un posible pacto entre CiU y ERC para garantizar la gobernabilidad de la Generalitat de Catalunya. Mas, en su comparecencia del lunes, aseguró que necesitaba un Gobierno “fuerte” no solo para afrontar la crisis y el proceso hacia la consulta soberanista, sino para poder batallar ante un PP con mayoría absoluta en el Congreso.
¿Cómo van a negociar Mas y Rajoy después de cómo acabó la última reunión del pacto fiscal y cómo se ha desarrolado la última campaña electoral? ¿Qué deparará la próxima Matryoshka que aparezca debajo de un pacto CiU-ERC? Está claro que hoy en día hacen falta buenos presidentes, pero para serlo hay que ser un buen negociador, ya sea aquí o ante la Unión Europea o dónde sea.  Al final, después de todos los líos, en Cumbres borrascosas hay un final más o menos feliz, que acaba con una historia de odios y desencuentros familiares. Ahora bien, en el caso de España-Catalunya aún está por descubrir cuál será la última muñequita rusa.

martes, 27 de noviembre de 2012

Riesgo de frentismo


Todavía con dificultades para digerir el peor resultado desde 1980, Artur Mas comprobó ayer lo difícil que le va a ser no ya mantener la agenda soberanista para la que había pedido una “mayoría excepcional”, sino simplemente afrontar la votación de investidura. Pasada la resaca electoral, la convocatoria de elecciones aparece ahora como una fuga hacia adelante que solo ha servido para crear tensión, tanto dentro de Cataluña como con el resto de España, y de la que CiU, en lugar de salir reforzada, como pretendía, ha salido debilitada. Si antes podía optar por gobernar en minoría con alianzas puntuales con fuerzas de uno y otro signo político, ahora le va a resultar prácticamente imposible. Es cierto que con los 50 diputados obtenidos es la única fuerza política en condiciones de formar Gobierno, pero cualquiera de las alianzas posibles plantea un alto precio y probablemente le exigirá renuncias en su programa electoral que pueden ser interpretadas como una traición por una u otra parte de su electorado.
El ascenso de ERC parece llevar a considerar como primera opción una alianza entre las dos fuerzas soberanistas. En esa dirección se ha manifestado ya Mas. Pero esto presenta no pocos riesgos; el más importante, el de entrar en una dinámica frentista que crearía fracturas internas graves y abocaría a un estado de confrontación con el Gobierno central muy perjudicial, en la actual coyuntura social y económica, tanto para Cataluña como para toda España. El resultado de las elecciones ha mostrado que la sociedad catalana es mucho más plural y menos compacta desde el punto de vista identitario de lo que Mas pretendía. Prescindir de esta realidad sería persistir en el error que le ha llevado al fracaso electoral.
Se da la paradoja de que ERC se había ofrecido a CiU como socio alternativo al PP. Ahora, es Mas quien pide a ERC que se “corresponsabilice” en la gobernabilidad del día a día, con la diferencia de que, tras el retroceso electoral de CiU, es el independentismo radical el que está en condiciones de poner precio, y puede ponerlo muy alto. Su líder, Oriol Junqueras, ya ha dicho que cualquier pacto requerirá que CiU se comprometa a maximizar la agenda soberanista, con el referéndum sobre la independencia como primer paso, y que renuncie a la política de austeridad y recortes de las que el Gobierno de Mas ha sido abanderado. La grave situación de las finanzas autonómicas no deja demasiado margen en este ámbito y, en todo caso, aplicar el programa social de ERC le obligaría a desdecirse y revertir algunas de las políticas que ha aplicado hasta ahora con el apoyo de sectores económicos y empresariales. La opción de mantener la alianza con el PP ha sido descartada de entrada y es impensable a corto plazo, dado el grado de enfrentamiento alcanzado, pero en todo caso exigiría también una rectificación del giro soberanista.
En los próximos días se verá la incongruencia de una aventura que, además de irresponsable, ha colocado a CiU en una contradicción irresoluble: un pacto con ERC le obligaría a renunciar a su programa económico, y un pacto con el PP, su anterior aliado, supondría abandonar la agenda soberanista. La tercera opción, el pacto sociovergente, la más natural en principio, parece también improbable: para empezar, tendría que vencer la desconfianza del PSC, cuyo líder recordaba ayer que ya dio a CiU sus votos en la anterior investidura a cambio de un acuerdo de legislatura incumplido en todos sus puntos.
Así las cosas, cabe preguntarse: ¿es Artur Mas el líder que la situación requiere? Pasadas las elecciones, los problemas de fondo de la sociedad catalana, tanto sociales como de encaje en España, siguen ahí y exigen respuestas. Pero CiU es ahora más débil y está más lejos de una centralidad política que nunca debió abandonar.
 FUENTES EL PAIS:ES

La meditación del rey destronado


No era el rey Arturo. Tampoco era el caudillo que unos soñaban y otros denunciaban. Es dudoso que a estas alturas pueda mantenerse como líder incontestado de Convergència i Unió: los cuchillos se afilan en el partido de Pujol donde fabricaron su liderazgo y más todavía en Unió Democràtica, el socio de coalición dirigido por Duran i Lleida, al que los designios dinásticos de la familia Pujol prohibieron el acceso al trono. Le costará incluso seguir como presidente en ejercicio, es decir, gobernar, con una mayoría tan insuficiente en un Parlamento tan fragmentado y excitado por su acción divisiva y sus recortes sociales: ha roto todos los puentes con el PP, ha peleado por el electorado independentista de Esquerra Republicana y ha intentado quebrar el espinazo al socialismo catalán.
Su plan y su hoja de ruta yacen hechos trizas en los salones del hotel Majestic donde su partido acostumbra a celebrar sus numerosas victorias. Semáforo rojo. Quiso cambiar el catalanismo pactista y aspiró a superar a todos los héroes que le precedieron. Se sintió con fuerzas para desafiar al Minotauro, la bestia mitológica que el historiador Jaume Vicens Vives identificaba con el poder español, con el objetivo de acabar de una vez con la ineptitud secular de los catalanes respecto al Gobierno del Estado: ya que no se nos abren las puertas del de España, vamos a crear uno propio. Se sintió llamado a tomar esta empresa como un desafío personal, arropado por la seguridad en su causa y por la fe en el derecho de los catalanes a decidir sobre su futuro. Iba a ser la voz del pueblo. Su destino iba a ser el de Cataluña. Palabras mayores todas ellas en tiempos muy menores. Se las susurraban sus asesores, sus amigos, sus aduladores, cada vez más numerosos, cada vez más hipnotizados por sus propias palabras y sordos a las razones de los otros, sobrecargados de sus propias razones.
El domingo por la noche, a pie de resultados, rechazó la entrevista que le pedía TV-3, la televisión pública, su televisión. No es extraño. Su deuda es con el pueblo, no con los ciudadanos de Cataluña. Su guardia mediática evita la intemperie. Todo muy medido y preparado. Durante la campaña tampoco quiso dar entrevista alguna a EL PAÍS. Sus lectores no eran “una prioridad”, según su equipo de campaña. Quien accedió a responder a las preguntas incómodas de TV-3 en la noche de una tan amarga victoria fue Oriol Pujol, el hijo del patrón y secretario de Convergència Democràtica. “El presidente no puede responder a la entrevista porque está reflexionando”, fueron sus explicaciones.
Es una muy buena respuesta. Artur Mas debe hacer una reflexión seria sobre las sucesivas decisiones que le han llevado a esto, lo más parecido a dispararse en el pie cuando nos había anunciado la caza del león. “Cataluña está en vísperas de su plenitud nacional”, dijo después de la Diada. Estábamos y estamos en el abismo financiero más profundo. La Generalitat, sin liquidez. La población, en un pozo de desempleo, recortes y pérdidas de derechos como no se habían visto desde la posguerra. El bochorno es colosal. Los panegíricos y ditirambos en honor del rey Arturo se han trocado en espinas lacerantes. La antología es extraordinaria. No solo por las frases del propio Mas y de su guardia pretoriana, sino de los periodistas, directores de medios y empresas de comunicación enteras. Llenarían colecciones de libros.
Debe reflexionar en lo que hizo para dispararse al pie cuando había anunciado la caza del león
El destrozo va mucho más allá de lo que nadie hubiera esperado y previsto. No es Mas el único que deberá reflexionar. También deberían participar de esta meditación nacional todos los que han coadyuvado a la construcción del escenario ficticio que ahora se ha derrumbado y que tanto daño ha producido ya al proyecto soberanista. Algo tendrán que decir los responsables de unas encuestas que ni siquiera se acercaron a las cifras finales del hundimiento.
No son los únicos. Hay muchos comentaristas en los medios de comunicación que se han dejado llevar por la corriente o por sus bajas pasiones e intereses, que deberán también meditar sobre sus responsabilidades y dar alguna explicación. La ficción que se ha creado en torno a la transición nacional, al liderazgo de Mas y al cambio que se acercaba merece una meditación generalizada de las élites catalanas, de las que hay que excluir, justo es decirlo, a un empresariado que ha sabido mantenerse en silencio mientras los otros se regodeaban ruidosamente en sus errores.
Por mucho que se empeñen algunos, insistiendo todavía en la mayoría soberanista del Parlamento, no hay por dónde coger los resultados. CiU se ha quedado a 18 diputados de la mayoría absoluta que se había fijado como objetivo y que justificaba la precipitada disolución parlamentaria en la atmósfera soberanista de la Diada. No tiene mayoría de Gobierno si alguna de las tres fuerzas que le siguen no le echan un cable. La mayoría soberanista apenas se ha movido en un diputado por arriba, lejos de la barra de los dos tercios del Parlament que se establecía como símbolo de la hegemonía: tampoco por ahí se justifica la maniobra. Nadie en las filas de CiU, Artur Mas el que menos, tiene la capacidad ni la grandeza para promover geometrías políticas distintas. Recordemos que Jordi Pujol arrancó su larga presidencia en 1980 solo con 43 diputados.
La reflexión nacionalista se enfrenta a un obstáculo grave, surgido de su repertorio más clásico. Se llama Madrid. Cualquier crítica queda adscrita a la inquina secular instalada en su discurso y cierra el camino al análisis. La hipermediática Pilar Rahola, pionera del culto masista, supo verlo con agudez en su libro La máscara del rey Arturo: “Él parece guiarse por una disciplina moral estricta, que no se acomoda muy bien con la lógica sucia de la guerra política. Todo gira alrededor de un cierto aire de martirio”.
El empresariado supo mantenerse en silencio mientras los otros se regodeaban en sus errores
Rahola, que escribió su libro a rebufo de Yasmina Reza y su El alba la tarde o la noche sobre Nicolas Sarkozy, utiliza el pronombre Él en cursiva para no repetir su nombre, con el efecto de subrayar todavía más hasta qué punto este hombre gris necesita el culto a su liderazgo. Con la Diada, y una estudiada ausencia en la manifestación que le hizo todavía más presente, el mito del líder alcanzó cotas solo superadas por la última ocurrencia de su equipo de campaña. Identificado como Moisés y convertido en la voz del pueblo, el rostro de Artur Mas colgado de las farolas de Cataluña estaba listo ya para el sacrificio.
Si el nacionalismo se equivocará en eludir la reflexión escondiendo la cabeza detrás de Madrid, todos los que el nacionalismo identifica con Madrid harán lo mismo si en la derrota sin paliativos de Mas quieren entender una derrota de Cataluña y una victoria de la España de una sola nación, una sola identidad y una sola lengua. El problema se halla intacto. O peor: con los puentes rotos y el interlocutor natural herido gravemente gracias a sus errores y pecados. La transición nacional fue una idea de Mas. El Estado propio dentro de la Unión Europea también. Pero la crisis institucional del Estado de las autonomías, la financiación insuficiente, el déficit catalán en infraestructuras, la insatisfacción catalana con los símbolos y con la lengua, la aspiración de Cataluña a mayores cotas de autogobierno y a una presencia singular en Europa, seguirán existiendo caiga o siga Mas, tengan o no recorrido los actuales planes de la indiscutible mayoría soberanista que hay en el Parlament.
Además, tras el batacazo suenan distintas las descalificaciones contra los tibios y los dialogantes de uno y otro lado. No suena mal ahora el pacto fiscal primero exigido perentoriamente y luego despreciado por demasiado poco y demasiado tarde. Tampoco parece tan descabellado el federalismo, menos inextricable que el famoso Estado propio, que los maltrechos socialistas catalanes han situado en el centro del escenario.
Las elecciones ponen a todos en su sitio. Mas dijo que pensaba en Cataluña y no en su partido cuando convocó elecciones. Al revés te lo digo para que me entiendas, le ha respondido la voz del pueblo, esos 3,5 millones de decisiones que dibujan, sumadas una detrás de otra, el acierto que corrige un inmenso error. Cataluña ha ganado, CiU tiene la pesada tarea de formar Gobierno en las peores condiciones posibles y Artur Mas ha sufrido una severa derrota de la que difícilmente podrá levantarse. Un presidente malherido y disminuido es el que debe gobernar a partir de ahora.
En otro sistema de partidos la cabeza de Mas habría caído ya. En este, por el contrario, recibe un doble castigo, el de su derrota personal y el de gestionar el Gobierno en las peores condiciones. La generosidad que exige tal situación es escasa en la vida política de hoy y quien menos la encarna es el presidente, propenso a lamerse las heridas y a contemplarse dolidamente en el espejo. A pesar de todo, habrá que exigírsela.
FUENTES EL PAIS:ES

Unas autónomicas en clave de generales


Al final, a CiU se le escapó la situación de las manos. En un intento de capitalizar un movimiento soberanista que le permitiera evitar un castigo por los recortes, Artur Mas convocó unas elecciones que han acabado con un duro revés para su formación. El retroceso de CiU es homologable al desgaste que han venido sufriendo prácticamente todos los Gobiernos europeos en estos tiempos de crisis. Así, a priori, los resultados del 25-N parecerían estar en la línea de lo ocurrido en nuestro entorno: cuando las circunstancias económicas son adversas, los Gobiernos lo acaban pagando en las urnas. Quizás parte del declive de CiU se deba a la crisis, pero es muy probable que gran parte de su fracaso deba leerse más bien en clave nacionalista. En concreto, CiU ha sido arrollada por un extraordinario aumento de la participación, que ha beneficiado especialmente a los partidos más radicales.
Las elecciones del pasado domingo tuvieron un récord histórico de participación, casi nueve puntos por encima de la media (60%). Por primera vez en toda la historia electoral de Cataluña, unas elecciones autonómicas superaron la participación de unas generales. Las encuestas ya pronosticaban un gran auge de la participación entre el electorado más nacionalista, que había acogido estos comicios con gran entusiasmo. Sin embargo, tal ha sido el interés generado en torno a estas elecciones que, al final, la participación ha acabado siendo generalizada. Esta ha crecido de forma espectacular tanto en feudos nacionalistas como, por ejemplo, el gerundense Plà de l’Estany, como en bastiones socialistas como, por ejemplo, el Baix Llobregat.
En consecuencia, la oleada participativa no se ha limitado a movilizar al electorado nacionalista, sino que se ha extendido también entre los menos amantes de las tesis soberanistas, un electorado tradicionalmente más abstencionista. De hecho, una mirada a los resultados a nivel comarcal indica que el aumento de participación ha ido particularmente acompañado tanto del aumento del voto a Ciutadans como de un menor declive del PSC.
Así, los datos indican que la participación ha conseguido movilizar a los llamados abstencionistas diferenciales, un colectivo compuesto por votantes con un perfil menos catalanista, que votan en las generales pero no en las autonómicas. Estos votantes normalmente no muestran excesivo interés en las elecciones al Parlamento autónomo. Pero, en esta ocasión, parece que les han dado suficientes motivos para vencer su tradicional pasividad y acudir a la cita con las urnas. Es el aumento de la participación entre este colectivo el que ha permitido que Ciutadans triplicara sus escaños y que el hundimiento del PSC se amortiguara ligeramente tras las fugas masivas de sus apoyos catalanistas hacia formaciones más afines al derecho a decidir.
El aumento de participación ha salvado al PSC de obtener los pésimos resultados que le auguraban las encuestas. Como era de prever, algunos líderes del partido se ha apresurado a dar estos resultados por buenos. Al fin y al cabo, según estas mismas voces, los socialistas están sufriendo un desgaste en las elecciones autonómicas de toda España y no solo de Cataluña. Es cierto que los españoles utilizaron las elecciones autonómicas para reprobar la segunda legislatura de Rodríguez Zapatero. Pero en Cataluña los votantes ya le pasaron factura al PSC por este motivo en los comicios de 2010, cuando retrocedió nueve puntos. El fracaso del domingo no puede en ningún caso justificarse como un efecto contagio de la crisis del PSOE a nivel nacional. La responsabilidad en esta ocasión es única y exclusiva del PSC.
Por lo que respecta al aumento de la participación entre el electorado nacionalista, el principal beneficiado no ha sido CiU, sino los partidos más radicales. Y es que los votantes, puestos a elegir, han preferido coger la papeleta de partidos nacionalistas con mayor pedigrí. Como resultado, Artur Mas ha fracasado en su intento de rentabilizar el movimiento soberanista, que le podía haber compensado las pérdidas de votantes descontentos con su apuesta nacionalista o con los recortes en servicios públicos.
En definitiva, el aumento de la participación no ha provocado variaciones significativas en el peso del conjunto de fuerzas nacionalistas en el Parlamento catalán. Pero ha cambiado su composición interna: los partidos más radicales en la dimensión nacionalista (ERC, CUP, C’s y PP) han ganado terreno arañando escaños a los dos grandes partidos tradicionalmente más moderados (CiU y PSC). Esta es, quizás, la principal consecuencia de estos comicios. Tras la apuesta soberanista de Artur Mas tenemos hoy un hemiciclo más polarizado.
Lluís Orriols es doctor por la Universidad de Oxford y profesor de ciencia política en 
la Universitat de Girona.
FUENTES EL PAIS:ES

El historiador que se hizo político


Barcelona, 1969) no es un político convencional. De hecho, todavía está forjando su faceta política, pero sin olvidar su carrera de historiador y sus dotes académicas. Las dos acostumbran a darse cita en sus actos públicos y en sus mítines, que aderezados con su afinado sentido del humor, consigue que su público, ya entregado, se rinda a sus pies, y de paso, se marche de buen humor. 
El candidato de ERC estudió en el Liceo Italiano de Barcelona, es licenciado en Historia Moderna y Contemporánea y doctor en Historia del Pensamiento Económico. Durante años combinó su carrera como profesor agregado en la Universitat Autónoma de Barcelona (UAB) con colaboraciones en varios medios de comunicación.
Su vinculación con el mundo de la política y con ERC se fraguó en Sant Vicenç dels Horts (Baix Llobregat), donde empezó siendo concejal, para hacerse con la alcaldía hace un año y medio, gracias a un acuerdo con CiU e ICV. Junqueras también ha sido eurodiputado de 2009 a 2011 en la coalición Alianza Libre Europea.
Hace poco más de un año sorprendió a todos al aceptar el reto de presentarse como candidato a dirigir el partido, en un momento en que el barco republicano viajaba a la deriva después de dos tropiezos sonados consecutivos en las urnas: las autonómicas de 2010 (en las que perdieron 11 escaños, pasando de 21 a 10) y las municipales de mayo de 2011 (en la que perdió la representatividad en las grandes ciudades menos en Barcelona). Después de este último batacazo, la dirección que encabezaba Joan Puigcercós dimitió en bloque.
En octubre de ese mismo año se inició la nueva era Junqueras, que con su carácter conciliador, consiguió acabar con las luchas internas de ERC y, con su tono épico, consiguió insuflar renovadas ilusiones a un partido que no dejaba de lamerse las heridas infligidas durante el tripartito. Un mes después de hacerse con el liderato del partido, Junqueras tuvo que afrontar unas elecciones generales, en las que consiguió mantener el tipo y evitar una nueva derrota electoral. Este domingo suponen la prueba de fuego para Junqueras, que debe demostrar hasta qué punto se ha dado carpetazo a esta reciente etapa gris.
Su actitud dialogante puede ser clave el 26 de noviembre, cuando se empiecen a cocer los primeros acuerdos. Junqueras, que siempre ha tendido la mano a CiU (incluso cuando se convocaron las elecciones propuso hacer coalición con el partido de Artur Mas), puede acabar con el tradicional desencuentro que ha habido entre los líderes de CiU y ERC. Junqueras espera que esta condescendencia se vea recompensada con una alianza para convocar el referéndum soberanista y abrir la puerta hacia la independencia.
FUENTES EL PAIS:ES

Mundos diferentes, objetivo común


El pacto entre Convergència i Unió (CiU) y Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) es una utopía que el nacionalismo catalán anhela desde 1999, pero que nunca desde entonces se ha producido por el recelo entre ambos partidos. El acuerdo que intentarán tejer la federación nacionalista y los republicanos parece el favorito de los electores, según los sondeos —tienen en común el principal objetivo para ambos esta legislatura, la consulta por la autodeterminación—, pero representan dos mundos diferentes.
En 2012 las diferencias programáticas se mantienen. Las más abismales son en el terreno económico. Los republicanos plantean un modelo diametralmente diferente al de los convergentes, basado en una redistribución de la presión fiscal más equitativa. Más concretamente, ERC apuesta por una nueva política de ingresos, que pasa por la recuperación del impuesto de sucesiones para las rentas más altas, una tasa que antes de que CiU la suprimiera nada más llegar al poder, hace dos años, solo afectaba al 5% de la población. Pero la federación nacionalista siempre se ha resistido a recuperar ese impuesto, que según sus cálculos supone unos ingresos de 100 millones de euros anuales.
ERC también propone la creación de una tasa sobre los depósitos bancarios. Se trata de una propuesta que la pasada legislatura ya presentó en el Parlamento autónomo, pero no prosperó porque los nacionalistas no la apoyaron debido a que creen que acabará perjudicando al ahorrador.
En el ámbito social, también las ideas de ambos están a millas de distancia. De forma general, ERC pide acabar con las políticas de ajuste de los dos últimos años, que se han materializado en tres oleadas de recortes. Los republicanos exigen dar marcha atrás en el tijeretazo que ha sufrido la educación y, de forma más concreta, restituir la sexta hora escolar, un refuerzo académico que servía para equiparar la escuela pública con la concertada. Igual que en el caso del impuesto de sucesiones, la sexta hora fue una de las primeras víctimas de los recortes de CiU para rebajar el gasto en profesorado. Igualmente, ERC pide aumentar las becas, volver a potenciar las guarderías y reducir las ratios de alumnos por aula.
Los republicanos también piden anular la reforma de la renta mínima de inserción (RMI) y devolverla a su espíritu original, de forma que sirva como una auténtica ayuda social para las personas en riesgo de exclusión.
Esquerra tiene un dilema sobre la mesa: o acepta los recortes o se queda sin consulta. La disyuntiva la debe resolver un equipo totalmente renovado y con muy poca experiencia en la política. La regeneración interna de ERC ha sido fulgurante: en dos años ha logrado voltear el resultado electoral (recuperó los 21 diputados que tenía antes de su crisis de 2010) y cambiar el liderazgo. El nuevo presidente del partido, Oriol Junqueras, era más conocido como historiador —con frecuentes apariciones en los medios— que como político. Tras dos años de experiencia como eurodiputado y 18 meses como alcalde de Sant Vicenç dels Horts (Barcelona), Junqueras entrará en el Parlamento autónomo o como jefe de la oposición o como miembro del Gobierno. La primera vez que ERC se enfrentó al Ejecutivo catalán, sus dirigentes —encabezados por Josep Lluís Carod-Rovira— carecían de experiencia gubernamental, pero arrastraban años de parlamentarismo.
El equipo de Junqueras carece de ello, excepto tres de sus puntales. Anna Simó enlaza la anterior dirección con la actual y con el gobierno tripartito, durante el cual fue consejera de Bienestar Social. También repiten los diputados Oriol Amorós, Pere Aragonès y Marc Sanglas. En el nuevo grupo parlamentario hay dos independientes sin ninguna experiencia política: Gemma Calvet y Eva Piquer.
Con un espíritu conciliador y un discurso épico que insufla optimismo a sus seguidores, Junqueras ha conseguido contener las luchas cainitas que siempre han caracterizado a ERC. La cuestión será ver si la unidad resiste y da frutos en el Parlamento autónomo.
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