jueves, 14 de enero de 2016

LA INDEPENDENCIA EMPIEZA POR UNO MISMO

Alguna vez ya lo he citado, pero conviene repetirlo. Upton Sinclair, el gran escritor norteamericano cuyas ideas progresistas tuvieron un  impacto real sobre la sociedad de su tiempo, dijo en una ocasión: “Es difícil que un hombre comprenda algo, cuando su salario depende de que no lo comprenda”.
Al margen del periodismo canalla que ha hecho del “amarillismo” su campo de actuación, resulta difícil encontrar voces independientes en los medios de información, tanto públicos como privados: han de pagar la hipoteca,  y no quieren asumir el mínimo riesgo.
Humanamente comprensible, pero no por ello menos censurable. Esta falta de voz propia, esta carencia de análisis crítico, este falso neutralismo informativo, hace que el público se nutra de un discurso confuso que produce un imaginario colectivo en el que dominan la volatilidad, la ambigüedad y el desconcierto.
Es por ello que desde esta modesta plataforma me satisface declarar mi radical independencia. Gusten o no gusten, mis opiniones son sólo mías.
Y ahora que se ha resuelto la situación de bloqueo vivida en el Parlament deCatalunya para la elección de President de la Generalitat, hagamos unas reflexiones sobre lo acontecido en los últimos meses:

  • En el referéndum no autorizado del 9-N (noviembre del 2014) participaron 2,3 millones de personas y el 80% votaron a favor de la independencia.
  • En las elecciones oficiales del 27 de septiembre del 2015 (autonómicas con carácter plebiscitario) los partidos independentistas obtuvieron 72 escaños de los 135 del Parlament. Es decir, mayoría absoluta.
  • Esta mayoría absoluta se repartió entre la coalición Junts pel Sí (con el 39,6% de los votos y 62 escaños) y la CUP (con el 8,2% y 10 escaños).
  • Aunque próximos en sus proclamas sociales, los programas político-económicos de estas dos agrupaciones diferían sustancialmente. El nexo de unión teórico era su“voluntad independentista”.
  • El primer paso después de las elecciones fue que el Parlament constituido hiciera una declaración explícita de esa voluntad independentista, declaración que quedaba en el camino de las intenciones pero que no tenía más efectos prácticos.
  • Junts pel Sí se había preparado para llevar a término el período transicional (no hace falta más que leer los rigurosos y detallados informes del Consell Assessor per la Transició Nacional), para lo que  precisaba una mayoría absoluta que no tuvo. Y aquí empezaron los problemas.
  • La CUP (un movimiento asambleario muy disperso, con muchas almas, intereses diversos, estructura multiforme) se encontró en una situación privilegiada, que le permitía bloquear o no el proceso independentista, ante la sorpresa de sus militantes y simpatizantes. Como no estaban preparados para vivir esta eventualidad, necesitaron tiempo para definir su discurso político. En su caso el tiempo es una variable compleja que afecta a su proceso decisional.
  • El elemento más visible de su campaña electoral era su “No” a Artur Mas como President de la Generalitat, que algunos de sus portavoces habían esgrimido como argumento. La justificación de este “no” era poco convincente: Para ellos Masrepresentaba a un partido (Convergència Democràtica) que era de “derechas”, que había ocupado el poder durante mucho tiempo, que había pactado en su momento con el PP, y que había aplicado retallades” en las políticas sociales.
  • Si hubieran hecho un análisis más riguroso, tendrían que haber reconocido que conMasConvergència había hecho un giro copernicano pasando del autonomismo al independentismo radical; que en esta coyuntura la posición más progresista (más de “izquierdas” en el lenguaje convencional) era la lucha por la independencia; que el President había asumido la responsabilidad y el compromiso de llevar adelante el proyecto (con las implicaciones penales que la justicia española había urdido) y que las famosas retallades no eran más que la consecuencia de un sistema de financiación perverso del gobierno central, que castigaba al govern de la Generalitat y a su presupuesto.
  • Pero haber reconocido esto era romper con sus estereotipos de “buenos” y “malos”, de “conservadores” y “progresistas”, de “burgueses y proletarios”, con los que la mayoría se siente más cómoda, al no obligarlos a pensar.
  • Por otra parte sabían además que su veto no tenía sentido, pues la coalición ganadora había presentado a Artur Mas como su candidato a President. Era un veto a medio camino entre la frivolidad y el pataleo.
  • Para dar cuerpo a su proyecto, la CUP elaboró más tarde un documento en el que expresaban sus bases programáticas. Ponían énfasis en que lo importante era el “Qué”, el “Cómo” y el “Cuándo”. El “Quién” para ellos era irrelevante. Este razonamiento es de una pobreza intelectual notable, pues no hace falta ir muy lejos para saber que los cambios históricos de cierta trascendencia (por mucho “qué, cómo y cuándo”) no se llevan a término si no se acierta en el “Quién”. Estos chicos y chicas de la CUP deberían leer menos a Bakunin. Sin Lenin el programa de“Iskra” no se hubiera llevado a término y la “Revolución de octubre”  habría fracasado. El liderazgo no se aprende en un seminario académico. Se tiene o no se tiene.
  • En estas circunstancias empezaron unas conversaciones inútiles, en las que Junts pel Sí (errónea e ingenuamente) empezó a ceder a las pretensiones de la CUP de un giro social extra por parte de un gobierno no constituido, giro social que los más avisados sabían de antemano que no podía financiarse.
  • Y se llegó al extremo rocambolesco de unas votaciones espectáculo en las que unas tres mil personas del colectivo CUP tenían que decidir si aceptaban o no el apoyo al candidato Mas, mientras la nación estaba expectante. En este rocambole y tras un empate que en teoría de probabilidad está próximo al valor cero, se cerró el tema con otra votación limitada a un pequeño colectivo que, al parecer, representaba a la totalidad del espectro.
  • Las organizaciones cívicas (Assemblea Nacional CatalanaÒmnium Cultural, AMI, etc.) que sorprendentemente habían permanecido calladas durante este período, empezaron a ofrecer “soluciones”  ad hoc que ponían por encima de todo el acuerdo, aunque ello supusiera más concesiones por parte de la coalición ganadora.
  • El nuevo bloque catalán autonomista que presume de izquierdas (Catalunya Sí que es Pot y asociados) aprovechó la coyuntura para recuperar la vieja salmodia del federalismo solidario y el derecho a decidir, como si nada hubiera ocurrido. La“izquierda caviar”, desde sus poltronas culturales concedidas a dedo durante la Transición, aplaudía el desconcierto y abogaba por la “reconciliación”.
  • Podemos, en un movimiento estratégico que tiene tanto de hábil como de iluso, ofreció la posibilidad de “autorizar”  (las palabras los delatan) un referéndum sobre la independencia, conocedor de que la probabilidad de que gocen de este privilegio (por mayoría parlamentaria en las Cortes españolas) es menor que cero.

Y al final Artur Mas, en un movimiento estratégico que ha sorprendido a todo el mundo, ha tomado las riendas y ha roto el bloqueo. No se presentará como candidato a la Presidencia (la condición exigida por la CUP) pero sí ha elegido personalmente aPuigdemont, militante destacado de Convergència, para ocupar este puesto, asegurándole la mayoría parlamentaria suficiente para ser investido. Él quedará como ex-Presidente y se ha puesto a disposición del nuevo gobierno y del Parlament. Sabe que es reconocido internacionalmente como el mejor embajador del proceso. La CUP, por su parte, se ha comprometido, por escrito, a mantener la estabilidad parlamentaria que permita gobernar durante los meses necesarios del período constituyente. Esto en el ámbito estratégico. En el estructural, la CUP traslada dos parlamentarios a la dinámica grupal de Junts pel Sí (que queda en 64 escaños frente a los 63 unionistas y los “no sabe no contesta” de Catalunya Sí que es Pot) y así evita tropiezos inútiles en el Parlament. Además la CUP sustituye a sus representantes más beligerantes. Todo bien atado. Mazarino no lo hubiera hecho mejor.
Una vez más el President ha demostrado su talla de hombre de Estado. La decisión es inteligente y hábil. Vuelve a poner el proceso en el primer plano. Elige aPuigdemont porque forma parte de la nueva generación de militantes que nació en política como independentista y no como autonomista, y porque no ha sufrido el contagio de la falsa progresía barcelonesa. Tiene experiencia de gestión con buenos resultados como alcalde de Girona y es presidente del AMI. Y es precisamente en la Associació de Municipis per la Independència donde se fragua la reconversión deConvergènciaArtur Mas, el mejor activo del independentismo catalán, queda liberado de funciones ejecutivas, pero se podrá contar con él. Además, dispondrá de tiempo para hacer la reestructuración necesaria de su partido, que nadie como él puede llevar a término y que puede continuar siendo el “pal de paller de la sociedad catalana. Y dentro de 18 meses (que es la vida que se da como máximo a este período legislativo), si quiere, puede volverse a presentar.
Los efectos colaterales de la solución catalana pueden ser devastadores. Los españoles que viven en Catalunya y que se sienten representados por el bloque unionista han quedado en offside. Los residuos de la izquierda oficial (la delegación de ventas del PSOE en Catalunya) se han quedado sin argumentos. A los becarios deCatalunya Sí que es Pot i de Barcelona en Comú (como la señora Colau y el señor Domènech) se les ha escapado una oportunidad para continuar enredando al personal.
El Estado Español y la casta que lo maneja ha entrado en catatonia. El argumento principal que esgrimían (que el proceso era un tema personal de Artur Mas) se ha caído por los suelos. Los pilla además con un gobierno en funciones y un reparto parlamentario que impide mayorías de derechas o de izquierdas (por aceptar el reparto tradicional, aunque en España la izquierda se parece cada día más a la derecha). Lo curioso es que prácticamente todo el arco parlamentario españolista no ha expuesto sus programas de gobierno y sólo se ha dedicado a pronunciar discursos sobre “la unidad de España”.
Es decir, Catalunya parece ser el único problema que preocupa a los españoles. El paro, la desigualdad, la pobreza, la corrupción, la falta de garantías jurídicas, el caciquismo, la deuda pública, los abusos de la banca, la exclusión social, la caída de la población activa, el fraude fiscal crónico, el incumplimiento sostenido del déficit público, la quiebra de la Seguridad Social, el dispendio en obra pública y un largo etcétera de problemas no resueltos no tienen importancia.
Deberían acudir al psicoanalista.


Presentación del libro en versión digital:
ADIÓS ESPAÑA
Crónica de una ruptura anunciada. 2010-2015
Alfonso Durán-Pich

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