sábado, 14 de diciembre de 2013

El simposio ve España como “un proyecto común frustrado”

“No me asusta. Alguien que ha sufrido la represión franquista como yo, no puede tener miedo de amenazas como la de llevar el congreso a la fiscalía”. El historiador Josep Fontana se enfrentó ayer a uno de sus días más complicados. El catedrático emérito de Historia de la Universidad Pompeu i Fabra leía la lección inaugural del simposioEspaña contra Cataluña, el encuentro de historiadores que celebra hasta el sábado el Institut d' Estudis Catalans, impulsado por el Departamento de Presidencia de la Generalitat de Cataluña. Envuelto en polémica desde hace seis meses, tras conocerse que tendría un título tan envenenado, ha sido rechazado por muchos de los grandes historiadores catalanes y del resto de España con calificativos como “equívoco”, “simplista” y “maniqueo”.
El historiador abrió la jornada dedicada a La represión institucional, política y administrativa en la que diferentes especialistas repasaron la “nueva estructura política centralista” surgida tras la victoria de la tropas borbónicas, la “reacción uniformizadora” o la “represión militar”. En todas ellas, el viaje de los hechos y la realidad de hace trescientos años, en 1714, y la actualidad política y económica era constante. Como la de Jaume Sobrequés, el director del encuentro, que al repasar las “estructuras represivas” de gobierno de la monarquía borbónica, aseguró que son las mismas que se han mantenido hasta hoy.
Fontana tenía ganas de pronunciar su conferencia después de la expectación que se había generado. “Lo único que he pedido es que antes de condenarme me escuchen. Margallo [el ministro de Asuntos Exteriores] debe de conocer toda mi bibliografía cuando dice que soy un pseudohistoriador”, dijo, visiblemente molesto.
Fontana comenzó su intervención asegurando que con la caída de Barcelona en 1714 “la mayor pérdida fue la del sistema participativo político de Cataluña, cuyo conjunto de leyes y libertades figuraba entre las más avanzadas de Europa”.
“La nación común no es posible por la intolerancia de la parte mayoritaria”
A su juicio, en el siglo XVIII “el proyecto catalán no se había planteado en términos de separación, por la vinculación que había con Castilla y Andalucía”, y lo ilustró leyendo a Azaña, para quien “Cataluña había sido el último Estado peninsular defensor de las libertades españolas”. Entre los organismos que Felipe V aniquiló estaban las Cortes y la Generalitat, “pero salvó el derecho civil catalán”. Según expuso, “desde la segunda mitad del siglo XVIII las clases dirigentes catalanas se apuntaron al esfuerzo de construir una nación española”, pero se fracasó porque en Castilla “tenían una cultura distinta, unas formas de vida y un derecho civil propios”.
Según defendió, “España es un proyecto común que se ha frustrado en estos 300 años o está en vías de frustrarse, ante la imposibilidad de encontrar un modelo territorial”. Fontana ha trazado la relación entre Cataluña y España llena de “altibajos, dificultades e incomprensiones, desde la represión y la pérdida de libertades tras la Guerra de Sucesión y durante el franquismo hasta otros momentos donde se ha logrado un clima de convivencia”. Lo hizo trufando su presentación con citas de autores como Jovellanos, Bosch Gimpera, Azaña, Cadalso o Macanaz. “Durante 300 años nuestras clases dirigentes han buscado la colaboración en la construcción solidaria de una nación común. Si no se ha podido hacer habrá sido por problemas de uno y otro lado, pero en buena medida por la incapacidad de tolerancia de la parte mayoritaria”.
Tras volver a asegurar que no conocía el título del congreso cuando aceptó la invitación para inaugurarlo, calificó de intolerante la polémica desatada tras publicarse solo el enunciado. “La forma en que interpreto los datos sé que no va a convencer a todo el mundo, pero eso es normal. De lo que se trata es de sentarse y discutir razonablemente, pero no acusarme de incitar a la guerra y al exterminio, como han dicho”.
“La reforma Wert demuestra que no hemos aprendido nada en 300 años”
Fontana explicó que la polémica por las jornadas responde a “la desconfianza imposible de combatir de las dos partes”. Según el historiador, “no se trataba de convencer a nadie y el propósito es exponer un punto de vista sobre esta relación compartida ampliamente por los historiadores catalanes”. En cuanto a la pretensión del PP de organizar un encuentro paralelo de signo contrario, dijo: “No asistiré porque no seré bien recibido, pero si se publican las actas las leeré con atención”.
En la intensa relación entre Cataluña y España, según el historiador, hay un punto de inflexión reciente, que es la sentencia del Tribunal Constitucional que recortó el Estatuto, que llevó a la clase dirigente catalana “a dar un giro que les llevó a descartar la idea de construir solidariamente una nación común”. Según Fontana, precisamente manifestaciones como la de 2010 contra los recortes del Estatuto y las de 2012 y 2013 durante la Diada, ponen de relieve la “impotencia de los catalanes ante un proceso de recentralización del Estado”. Uno de esos intentos, mencionó, es la reforma educativa del ministro José Ignacio Wert, que constató que “este tipo de medidas son vulnerables, aunque su aprobación demuestra que no hemos avanzado nada, que no hemos aprendido nada de las lecciones de 300 años”.
Para Fontana, la situación actual es fruto de dos factores: el malestar social y la política económica desastrosa que lleva a la sociedad catalana “a una gran voluntad de cambio para avanzar social y nacionalmente”.

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